01/10/2004
Tercera carta de dulcinea a Don Quijote por Paco el manchego
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Como podrá comprobar, vuelvo a reiterarme a las anteriores cartas, causa del deshueso en la razón que no hallo o niega toda súplica mía. Es mi furor fuerte caudal de amargor, arruinando mi estima y acongojando la moralidad por los vuestros enredos, noticias percibidas en indecentes chascarrillos, el retintín con que se expresan y agrandan males, asegurando hechos de moza pervertida. Paja para pajar sin piquera, rulando en vendaval de aquí para allá sin rincón donde poderse quedar. No barrunte más amor por mí, cambie de una vez el rumbo y salga del laberinto imaginario que le devorará el corazón, aunque sin duda tenga ya los sesos desechos. No es cordura de caballero hundir mi estima. Encuentre a quien decir te quiro con tan hermosos contenidos, porque jamás tendrán lugar en mi corazón el abanico de conjeturas revestidas de seda y buen linaje, que para mi con honor hace. Son frases al aire, espinas de hilo, púas de goma. Despierte y salga de su nube, señor, no delire más en tan confusa morada... es la distancia entre el sol y la tierra. Somos demasiado diferentes, señor don Quijote. Comprenda su encrucijada, cambie de mi pensamiento el camino, rompa contra molinos y siga deshaciendo agravios; pero déjeme en paz y no continue estancando, donde las estrellas son el techo de su posada. Regrese con su sobria, quien tampoco deja sufrir su maldad, por afán de caballero andante. Dulcinea del Toboso |