04/10/2004
Cuarta carta de Dulcinea a Don Quijote por Paco el manchego
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Por ser la última que por éste medio suplico y en bien de mi mal a usted dirijo. Deseo entienda por buenos los consejos de su sobrina Antonia y buena servidora ama de llaves. También a ellas han llegado habladurías de su vana y estéril naturaleza y despúés de convenir discreta charla, al ser Antonia enterada, no sólo del clamor que a todas luces hace por el amor de su princesa Dulcinea, implorándolo a cielo y tierra, si no también, de las románticas cartas que vez en cuando de usted de recibo. Innegablemente, el rumor de sus amoríos que por mi ha corrido la Mancha como la pólvora. Poniendo su sobrina el grito en el cielo y por ello lo detendrá la justicia y será ingresado en lugar de locos, por su desdoblamiento de personalidad. Si en verdad señor me ama como manifiesta en su honor, no me haga más daño. La razón de esta última suplica es debida al mal que me causaría. Podría ser si no disminuye su locura, sin hallar mejor solución, necesario suicidio, dar mi vida a la muerte, si presto no existe la suspensión que le ruego. Siento señor anunciarle me haya salido un pretendiente de buena cuna y vecino de Alcázar de San Juan, mozo de mi agrado con quien un día podría desposarme. Ruegote señor por Dios y jurar no debo en vano su nombre por mis dotes de cristiana. Pero si por causa de su locura perdiera a mi lozano novio, la responsabilidad de mi suicidio caería sobre su conciencia. Dulcinea del Toboso |