El primer caballero andante fue sin duda el Rey Arturo de Britania,
con él nació la condición de caballero hacia el siglo XII. La Iglesia intervino
tratando de moderar el salvajismo de los señores, lo que dio origen a la
ceremonia de entrega de armas que investían al joven como caballero. Desde
entonces la caballería ya no era sólo la manera de combatir de los nobles,
sino que se convirtió en un modo de vida, en un código de conducta .
Los caballeros ya no sólo servían a la nobleza, sino que por lo general
servían a ciudadanos en apuros.
Se entendía que el caballero, muy distinto del guerrero orgulloso, no agotaba
sus obligaciones con la defensa armada de su fe y de su territorio pero
tenía que cuidar del bienestar de la propia comunidad, con especial atención
a los sectores más degradados y oprimidos .
Los caballeros se consideraban, igualmente importantes en la paz, practicando
valores de justicia, equidad, lealtad, integridad, prudencia, generosidad,
amabilidad . Incluso se considera que, a fin de poder aconsejar y gobernar
correctamente, debían ser sabios y benévolos.
La época de Cervantes es brillante pero conflictiva, pues los hombres de
finales del XVI y comienzos del XVII ya no viven en aquella España abierta
del Renacimiento donde era posible el humanismo y la recuperación de los
clásicos, donde el objetivo era no crear nada nuevo sino rescatar la herencia
en peligro de extinción.
Pero don Quijote vivía en otro mundo y conocía el código de caballería.
Y, si en su momento se le consideró estrafalario y anacrónico, el bueno
de Sancho (la sabiduría del pueblo) y su universalidad e intemporalidad
han acabado estando de su parte. Ni siquiera la caricatura pudo con su imagen.