
En Holanda, la tierra de los molinos, se leyó mucho Don Quijote como una obra satírica sobre la España que se había enfrentado con la potencia protestante, rival en los mares. Pieter Arentz Langedijk, importante autor de la primera mitad del siglo XVIII, escribió una comedia que todavía continúa representándose en la actualidad, Don Quijote en las bodas de Camacho (1699).
En Alemania el influjo de Don Quijote fue tardío y menor al de autores como Baltasar Gracián o la novela picaresca durante los siglos XVII y XVIII, en que el influjo del racionalismo francés predominó. Bertuch publica una traducción en 1775, pero ya en1764 había publicado a imitación de Cervantes Christoph Wieland su Don Sylvio de Rosalía, que viene a constituir el modelo de la novela alemana moderna. Herder, Friedrich von Schiller y Goethe se harán eco de la gran novela cervantina y de las obras de Pedro Calderón de la Barca.
El Romanticismo, en efecto, supone la aclimatación del cervantismo, el calderonismo y el gracianismo en Alemania: ven la luz las traducciones hoy clásicas de Tiek y de Soltau. Se ocupan de toda la obra de Cervantes, y no solo del Don Quijote, los hermanos Schlegel, el ya citado poeta Tieck y el filósofo Schelling. Esta nómina de cervantistas se completa con Verónica Veit, Gotthold Ephraim Lessing, Juan Pablo Richter y Bouterwek en lo que constituye la primera generación de cervantistas románticos alemanes. Después seguirán los filósofos Solger, Hegel y Schopenhauer, así como los poetas Einchendorff y Hoffmann.
La visión general de los cervantistas románticos alemanes, pergeñada ya por Wilhelm Schlegel, consiste en percibir en el caballero una personificación de las fuerzas que luchan en el hombre, del eterno conflicto entre el idealismo y prosaísmo, entre imaginación y realidad, entre verso y prosa. En ese sentido se decanta también el prólogo que puso Heinrich Heine a la edición francesa de Don Quijote; no debemos olvidar, por otra parte, su siniestro augurio de que los pueblos que queman libros terminarán por quemar hombres, que se contiene en su pieza dramática Almansor. Para este autor, constituyen el triunvirato poético de la modernidad Cervantes, Shakespeare y Goethe.
Por otra parte, Franz Grillparzer suscribe el juicio de Byron sobre la decadencia española y Richard Wagner admira en el libro la resurrección del espíritu heroico medieval. Richard Strauss renueva el tema con el poema sinfónico Don Quijote. Variaciones fantásticas sobre un tema caballeresco (1897). Ya en el siglo XX, Franz Kafka compone su apólogo La verdad sobre Sancho Panza y, en mayo de 1934, el novelista Thomas Mann elige como compañero de viaje a Estados Unidos la traducción de Tieck del Don Quijote, experiencia que quedará recogida en su ensayo A bordo con Don Quijote, en la que el autor esboza una defensa de los valores de la cultura europea amenazada por un fascismo en auge.
Por último, el teólogo suizo Hans Urs von Baltasar, en unas memorables páginas de su obra Gloria, (1985-1989), ve en la comicidad de Don Quijote la comicidad y el ridículo cristiano: "Acometer a cada paso, modestamente, lo imposible". En ese sentido se decanta también el ilustre hispanista y cervantista Fiedrich Schürr, en su conferencia de 1951 Don Quijote como expresión del alma occidental.
Por gentileza de Wikipedia
|