

La Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha nace de la Constitución Española de 1978, que en el Título VIII contempla el derecho al autogobierno y a constituirse en Comunidades Autónomas a aquellas "provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes". Así, las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo quedaron constituidas en Comunidad Autónoma el 16 de agosto de 1982 con la publicación, en el Boletín Oficial del Estado, del Estatuto de Autonomía, de Castilla-La Mancha, que en su artículo 1.º, reformado por la Ley Orgánica 3/1997 declara:
"Castilla-La Mancha, en el ejercicio del derecho a la Autonomía reconocido constitucionalmente, accede a su autogobierno de conformidad con la Constitución Española y el presente Estatuto de Autonomía, que es su norma institucional básica.
La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha es la institución en la que organiza política y jurídicamente el autogobierno de la Región, dentro de la indisoluble unidad de España, patria común de todos los españoles".
El territorio de Castilla-La Mancha se corresponde aproximadamente, con el antiguo Reino de Toledo o Carpetania, demarcación de remotos orígenes que se retrotraen a la colonización romana y cuya existencia atraviesa las épocas visigoda y árabe hasta llegar a la Edad Moderna y de ésta a nuestros días.
Castilla-La Mancha ocupa la práctica totalidad de la Submeseta Sur peninsular y abarca una extensión de 79.226 kilómetros cuadrados (15,7% del territorio nacional), con una población superior a 1.700.000 habitantes, repartidos en 915 municipios, casi el 70% de ellos con menos de mil habitantes. Su baja densidad demográfica (22h/km²) la sitúa entre las regiones más despobladas de la Unión Europea, representando el 4,3% de la población española.
La positiva evolución social y económica de los últimos años, reflejada en un crecimiento económico entre los más altos de España, ha propiciado el aumento del sector industrial. Asimismo, ha experimentado el incremento el sector servicios, reduciéndose, por el contrario, la participación relativa del sector agrario en el total del PIB.
Dos tipos de paisaje muy diverso coexisten en Castilla-La Mancha: el montañoso, situado en la zona periférica, y el llano, que predomina en el resto de la Región. Su clima es continental, con veranos secos y escasas precipitaciones, aunque en las zonas montañosas el clima es más húmedo y los inviernos rigurosos.
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