

El matrimonio de Isabel y Fernando no fue la culminación de tendencias unificadoras sino el resultado de situaciones concretas y, por tanto, modificables. Por sí solo no significaba la unidad. Castilla y Aragón -lo mismo puede decirse de Navarra, incorporada entre 1512 y 1515 a Castilla- mantuvieron su propia organización independiente hasta el punto de que Fernando el Católico fue expulsado de Castilla después de la muerte de Isabel y contrajo nuevo matrimonio que de haber tenido descendencia habría llevado a separar nuevamente Aragón y Castilla.
El matrimonio no fue, por tanto, la culminación de un proceso medieval sino el comienzo de una fase de unificación histórica. La conquista de Granada puso fin a la presencia política de los musulmanes en la Península pero no llevó, como se ha dicho, a la unidad religiosa de los hispanos. Los vencidos fueron autorizados a permanecer en el reino y su asimilación religiosa se produciría lentamente o no tendría lugar.
Unidad política y unidad religiosa no son por tanto dos realidades de la época de los Reyes Católicos sino dos ideas por cuyo logro trabajaron activamente Fernando e Isabel al organizar y extender a todos sus dominios la Santa Hermandad y la Nueva Inquisición, al impulsar la reforma de las órdenes religiosas y al controlar las órdenes militares. Esta marcha hacia la unidad se realiza desde y por Castilla, el reino más importante, con mayores recursos humanos y económicos y en el que los reyes gozan de mayor libertad al no estar limitado su poder por las Cortes ni por los Fueros nacionales.
Por estas razones, Castilla se convierte en el centro del nuevo Estado con el que inconsciente o deliberadamente se tiende a identificarla hasta el punto de que castellano y español son, para muchos, sinónimos.
Con los Reyes Católicos, la división entre los reinos de Castilla y Toledo se cambiará por la de Castilla la Vieja - Castilla la Nueva (la provincia de Albacete, fronteriza con los territorios de la Corona de Aragón, pertenecería al Reino de Murcia), pero el título de Rey de Toledo se había incorporado ya a los que ostentaba el Monarca castellano y, más tarde, los Reyes de España.
Después de la Reconquista la historia del territorio que hoy es Castilla-La Mancha estaba ligado con la de las Órdenes Militares (enlace!). Se hizo necesario repoblar y defender las tierras y en esta tarea las órdenes jugaron un papel esencial. Son las Órdenes que administraron este territorio, conocido como "La Mancha" (palabra de etimología árabe, para designar un país seco), hasta que el Concordato de 16 de marzo de 1851 supuso el final de las jurisdicciones privilegiadas, incluyendo las de las Ordenes, y aunque ya mucho antes habían perdido su independencia jurisdiccional con respecto a los soberanos españoles, sus nombres han persistido en la toponimia manchega.
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