
Museo Iconográfico del Quijote |
| "No sólo leo a Don Quijote, lo veo. Me parece un
ser de carne y hueso. En cada rostro que contemplo, en cada gesto que observo hay partes
de él. La fuerza descriptiva penetra el ambiente y lo vuelve quijotesco. No estamos en el
siglo XVII; estamos en el siglo XX. Es un libro que se adapta al tiempo, que corre con el
tiempo. Don Quijote puede retratar una época, pero la trasciende y cobra vida en cada
época. El tiempo es un multiplicador de sus resonancias. Cervantes quiso hacer famoso a
Don Quijote como una ofrenda a Dulcinea. Y su deseo se ha cumplido: no hay un lugar en el
mundo donde no se conozcan sus hazañas. Secreto maravilloso de un relato que conjuga la
expresión popular con la pintura imborrable de sus personajes. Cervantes es un escritor
del pueblo. Y su obra es un canto a la libertad, una denuncia de las injusticias sociales.
No hay lo tuyo y lo mío, sino lo nuestro. Para ser caballero no se necesita ser rico. Las
causas de Don Quijote son n obles y desinteresadas. El pueblo es cuna de hidalguía. Hay
momentos en que las arenas de esta playa se transforman en las llanuras de la Mancha y veo
cabalgando a Don Quijote y Sancho, como si fueran personajes reales. Los toco, los oigo,
están con nosotros... Cervantes los creó para ser inmortales. !Ay, qué alivio leer el
Quijote! Leerle en un campo de concentración, como minutero de la hora humana, como
descubriendo de los ideales que justifican la locura del genio para convocar el gobierno
de la razón". |
EULALIO FERRER RODRIGUEZ
(Donador de este Museo)
De su diario del campo de concentración de Barcarés, Francia
(16 de julio de 1939) |

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