El
tipo de molino de Campo de Criptana es el denominado "de torre". En él resulta
característico el modo de construcción, a base de piedra y cal blanqueada,
con remate de cubierta de forma cónica, con armazón de madera. La planta
es circular, con un grueso muro que soporta un techo giratorio para orientarse
cara al viento. Es preciso generalizar algunas condiciones por las cuales
se edificaron los molinos en estas tierras, como una zona bien aazotada por
el viento, un terreno llano, donde una pequeña prominencia proporcione una
corriente continua de viento, así como una zona abundante de cereales, en
donde la escasez de agua sea la tónica climática, falta de arroyos y ríos
con caudal constante.
El molino típicamente manchego cuenta con cuatro aspas con vara central,
cuatro o seis vergas naturales laterales paralelas y quince o más travesaños.
Este tipo de pala da una solidez que permite unas velas largas y estrechas.
El deslizamiento del techo giratorio es directo sobre hierros aparejados
circularmente; la harina cae a un piso inferior, mediante conducto de madera.
Cuando se necesitaba la máxima potencia de las palas y el rotor, se orientaban
de cara al viento. Para obtener menos potencia o pararse, las aspas se colocaban
en paralelo al viento. En esta maniobra jugaba un importante papel el palo
gobierno, con el cual se movía toda la caperuza. El gobierno se sujetaba
al borriquillo, que a su vez se sujetaba al suelo mediante los hitos de
piedra, que rodeaban al molino por razones de los diferentes vientos.
Los
molinos disponen de tres plantas, alojándose en la superior las dos piedras
de moler. Se accede por una escalera que se apoya en la cara interior del
muro cilíndrico. En las plantas inferiores se recogía la harina, que bajaba
por el canalón, por gravedad, y se realizaban las labores de cernido y envasado.
Sobre el nivel superior se solían abrir ventanucos cuadrados, simétricamente
distribuidos y orientados a los vientos dominantes de la localidad: mediodía,
morescote, ábrego, ábrego hondo, toledano, matacabras, cierzo, solano hondo,
solano alto y solano fijo.
Un gran enamorado de la Mancha fue José Martínez Ruíz "Azorín". En uno de
sus ensayos - La Ruta de Don Quijote, 1605 - dedica un capitulo a
los molinos de viento: "Dentro de la torrecilla consta de tres reducidos
pisos: en el bajo se hallan los sacos de trigo, en el principal es donde
cae la harina por una canal ancha y en el último es donde rueda la piedra
sobre la piedra y se deshace el grano." Y exlama: "Como extrañar que la
fantasía del buen manchego se exaltara ante estas máquinas inauditas, maravillosas."