Luis de Góngora y Argote (1561-1627)
Dedicado a la literatura, su estilo es cultivado y eminentemente culto y erudito, evolucionado a partir de Garcilaso de la Vega. La belleza es el gran tema de su obra, y su descripción y búsqueda se plasman formalmente mediante complejos recursos literarios y una rebuscada semántica conceptual, que dan lugar a la crítica a calificar su estilo de "culterano”.
En Góngora cristaliza toda la corriente cultista, llamada a partir de entonces gongorismo, mediante la acumulación, hasta extremos inverosímiles, de recursos y elementos cultos, mediante los cuales la poesía se intelectualiza a la búsqueda de la belleza pura. El empleo de elementos cultistas aumenta progresivamente y llega al máximo en sus poemas mayores, la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) y la inconclusa Soledades (1613).
Es autor también de numerosos sonetos, poemas endecasílabos, romances populares, canciones y letrillas, de carácter y forma más sencilla y menos ampulosa y en tono festivo, si bien no pierden nunca la elegancia compositiva. Otras obras suyas son el "Panegírico al duque de Lerma", "Fábula de Príamo y Tisbe" y dos dramas: "Las finezas de Isabela" y "El doctor Carlino". El menosprecio de sus contemporáneos Quevedo y Lope no evitó, sin embargo, que se vieran influidos por su obra, así como también Calderón y una multitud de autores de siglos posteriores, en especial la generación del 27.
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